Mi bisabuelo tenía un apellido… según el día
Cuando empecé a investigar a mi bisabuelo, lo primero que pensé fue que había cometido un error yo.
Este rincón nace de algo muy bonito: de todas las historias que me habéis ido contando a través de redes, mensajes y conversaciones.
Historias familiares llenas de amor, esfuerzo, pérdidas, reencuentros o silencios… pequeñas memorias que merecen un lugar donde seguir vivas.
Aquí compartimos algunas de ellas, como un homenaje a quienes vinieron antes que nosotros.
Porque cada historia, por pequeña que parezca, forma parte de algo mucho más grande: nuestra memoria colectiva.
Si tú también quieres participar, puedes enviarme la historia de tu antepasado o de tu familia a través del formulario que encontrarás al final de esta página, o escribirme directamente por cualquiera de mis redes sociales.
Puedes decidir si incluir su nombre o no; algunas personas prefieren mantenerlo en el anonimato, y otras eligen dejarlo visible, por si algún día alguien busca su nombre y descubre un pedacito de su historia.
Cuando empecé a investigar a mi bisabuelo, lo primero que pensé fue que había cometido un error yo.
Cuando empecé a investigar a mi bisabuela, pensé que había desaparecido de la historia.
Durante mucho tiempo pensé que mi bisabuelo no existía.No aparecía en ningún sitio. No salía en los libros parroquiales que consulté. No figuraba en los índices. Era como si se hubiera borrado del todo.
Mi abuela no decía “hola”.Decía “come”.
Mi madre Ana no decía nunca que estuviera cansada.No es que no lo estuviera. Es que no lo decía.
Mi padre Juan decía mucho una frase:“No molestes.”
Mi madre siempre preparaba de más.No importaba qué.
En mi familia siempre se dijo lo mismo sobre mi abuelo Ramón Castillo:que nunca se sentaba de espaldas a la puerta.
En la familia siempre se dijo lo mismo de mi abuelo:que era tacaño.
Mi bisabuela no hablaba mucho del pasado.No contaba historias largas ni explicaba decisiones.Simplemente hacía las cosas.
En mi familia siempre se contó igual: antes, al salir de casa, nadie decía “ten cuidado”.Ni “avisa cuando llegues”. Ni “escríbeme”. Ni “cualquier cosa me llamas”. No había esa forma de despedirse que tenemos ahora, como si cada salida necesitara un aviso.
En mi familia siempre se contó lo mismo sobre mi bisabuelo Eusebio Martín:que comía solo.
Si quieres hacernos llegar la historia de algún antepasado para incluirla en la sección de homenaje a nuestros antepasados, puedes rellenar este formulario.