Este homenaje nos lo envió una persona que quería recordar a su abuelo Manuel a través de algo que siempre formó parte de su manera de ser.
Su abuelo se marchó de su pueblo siendo todavía joven, como tantas personas de su generación que tuvieron que salir en busca de trabajo y de nuevas oportunidades lejos de su tierra.
Construyó su vida en otro lugar. Allí formó su familia. Allí nacieron sus hijos y crecieron sus nietos.
Pero hubo algo que nunca cambió.
Nunca perdió su acento.
Durante años fue algo que en casa se veía como una simple forma de hablar distinta, una característica más de su manera de expresarse. Sin embargo, con el tiempo entendió que no era casualidad.
Un día le preguntó por qué seguía hablando igual que cuando vivía en su pueblo.
Su abuelo le respondió algo muy sencillo.
Que no quería olvidarlo.
Que mientras hablara así, siempre seguiría sintiendo cerca el lugar donde había nacido, las personas con las que había crecido y la vida que había dejado atrás cuando tuvo que marcharse.
No era solo una forma de hablar.
Era una manera de seguir perteneciendo a su historia.
Por eso quiso dedicarle este homenaje.
Porque hay personas que, aunque vivan lejos toda su vida, nunca dejan de ser del lugar donde empezó todo.
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