Este homenaje nos lo envió una persona que quería recordar a su abuelo, Eusebio Saiz Gutiérrez, a través de un gesto muy sencillo que durante años formó parte de la vida familiar.
Cada vez que la familia llegaba al pueblo, ocurría lo mismo.
Su abuelo abría la puerta de la casa.
Y la dejaba abierta.
Era algo tan habitual que nadie lo cuestionaba. Formaba parte de la forma de entrar en aquella casa, de la manera en que se reunía la familia y de la tranquilidad con la que se vivían esos días juntos.
Ni siquiera por la noche la cerraba del todo.
Durante mucho tiempo pensó que era simplemente una costumbre más de su abuelo.
Hasta que un día decidió preguntarle por qué lo hacía.
Entonces le explicó algo muy sencillo.
En aquella casa, desde siempre, la puerta había estado abierta para la familia.
Decía que nadie de los suyos tenía que llamar antes de entrar. Que aquella casa era suya igual que había sido de sus padres y de sus abuelos. Y que mientras él viviera, seguiría siendo así.
No era solo una puerta abierta.
Era una manera de decir que la familia siempre tendría un lugar al que volver.
Con el tiempo entendió que aquel gesto repetido durante tantos años era una forma de cuidar a los suyos sin necesidad de decirlo con palabras.
Por eso quiso dedicarle este homenaje.
Porque hay casas donde la puerta abierta significa mucho más que una costumbre.
Significa hogar.
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