Mi tatarabuelo no eligió con quién casarse

Me llamo Andrés y esta historia no es trágica, pero sí reveladora.

Mi tatarabuelo no eligió con quién casarse.

Revisando documentos y hablando con familiares mayores entendí que aquel matrimonio no fue fruto de un enamoramiento romántico. Fue una decisión práctica.

Unir tierras.
Asegurar trabajo.
Fortalecer vínculos entre familias.

En su época, casarse no era una búsqueda de felicidad. Era una estructura social. Un acuerdo. Una forma de asegurar estabilidad en un mundo inestable.

No sé si se enamoró después.
No sé si fue feliz.
No hay cartas que lo expliquen.

Pero sí sé que cumplió con lo que se esperaba de él.

Hoy puedo elegir pareja. Puedo decidir no casarme. Puedo priorizar sentimientos. Puedo esperar a encontrar a alguien por amor.

Él no tuvo esa libertad.

Y aun así, gracias a esa unión pactada, nacieron hijos. Y de esos hijos, más hijos.

Y aquí estoy.

Este homenaje no es para romantizar el pasado. Es para entenderlo.

Para recordar que muchas decisiones que hoy juzgaríamos se tomaron bajo otras reglas.

Y para reconocer que incluso los matrimonios por deber también construyeron historias completas.

Añadir comentario

Comentarios

Todavía no hay comentarios