Mi bisabuelo nunca se jubiló

Me llamo Javier y esta frase me golpeó cuando empecé a pensar en ella con calma.

Mi bisabuelo nunca se jubiló.

No porque no quisiera descansar.
No porque amara trabajar sin pausa.
Sino porque en su época la jubilación no era una etapa garantizada.

Trabajó desde joven. Trabajó en el campo, en oficios físicos, en lo que tocara. Trabajó con frío, con calor, con enfermedad leve y con cansancio acumulado.

Y siguió.

No había un día señalado para dejar de levantarse temprano. No había un ingreso asegurado que permitiera bajar el ritmo. No había viajes pendientes ni hobbies postergados.

Había trabajo.

Cuando su cuerpo empezó a fallar, no dejó de trabajar porque hubiera llegado “el momento”. Dejó de trabajar porque ya no pudo más.

Hoy yo hablo de futuro, de planes, de descanso merecido. Y me doy cuenta de que ese descanso existe porque generaciones anteriores trabajaron sin tenerlo asegurado.

Mi bisabuelo no conoció la jubilación.

Pero gracias a él, yo sí conozco la posibilidad de descansar.

Este homenaje es para todos los que trabajaron hasta el límite sin que nadie lo llamara sacrificio.

Porque a veces el mayor legado no es lo que dejaron,
sino lo que hicieron posible.

Añadir comentario

Comentarios

Todavía no hay comentarios