Me llamo Daniel y hace poco entendí algo que me dejó pensando.
Soy el primer descendiente que no sabe hacer lo que ellos sabían.
Mi bisabuelo sabía arar la tierra sin maquinaria moderna. Sabía cuándo sembrar mirando el cielo. Mi bisabuela sabía coser ropa que duraba años. Sabían matar un cerdo, encender fuego sin cerillas, conservar comida sin nevera, arreglar herramientas, reparar casi cualquier cosa.
Sabían sobrevivir.
Yo no sabría por dónde empezar.
Sé usar tecnología. Sé buscar información en segundos. Sé cosas que ellos jamás imaginaron. Pero si me quitaran electricidad, agua corriente y supermercado, estaría perdido.
Durante un momento lo viví como una pérdida. Como si algo se hubiera roto en la cadena.
Luego lo entendí mejor.
No es que yo sea menos fuerte. Es que el mundo cambió.
Ellos desarrollaron las habilidades que su tiempo exigía. Yo he desarrollado las que el mío necesita.
Pero reconocer lo que sabían me da perspectiva.
Mi comodidad no nació de la nada.
Nació de generaciones que aprendieron a sostener la vida con las manos.
Este homenaje es para ellos.
Para los que sabían hacer casi todo sin depender de nada.
Y también para recordar que, aunque cambien las herramientas, la resiliencia sigue siendo herencia.
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