Nunca te conocí.
No sé cómo sonaba tu voz.
No sé si caminabas rápido o despacio.
No sé si eras de pocas palabras o de silencios largos.
Solo tengo tu nombre en un documento antiguo.
Un tatarabuelo convertido en tinta.
Durante mucho tiempo fuiste solo eso: una línea más en mi árbol genealógico.
Hasta que un día me detuve.
Empecé a leer sobre tu vida. A reconstruir tus pasos con fechas sueltas, lugares pequeños y datos incompletos. Supe dónde naciste. Supe que trabajaste la tierra. Que tuviste hijos. Que enterraste a personas queridas. Que seguiste adelante porque no había otra opción.
Mientras tú vivías todo eso, yo todavía no existía.
Tú no sabías que habría un bisnieto.
Ese bisnieto no sabía que habría un nieto.
Y ese nieto no sabía que habría yo.
Pero aquí estoy.
Y eso solo es posible porque tú sobreviviste.
Porque te levantaste cada día.
Porque tomaste decisiones.
Porque resististe cansancios que yo no viví.
Porque amaste a alguien.
Porque formaste una familia.
Porque seguiste caminando cuando la vida apretaba.
A veces pensamos en nuestros antepasados como figuras lejanas. Como nombres viejos. Como historias borrosas.
Pero la verdad es otra.
Mi existencia depende directamente de la tuya.
Cada paso que diste llegó hasta mí.
Cada jornada de trabajo.
Cada noche difícil.
Cada invierno duro.
Cada elección pequeña.
Todo viajó generaciones.
Yo soy el resultado de tu resistencia.
Me habría gustado conocerte. Preguntarte cómo era tu infancia. Qué te hacía reír. Qué te daba miedo. Si alguna vez imaginaste el futuro. Si pensaste en los hijos de tus hijos de tus hijos.
Me habría gustado decirte que todo valió la pena.
Que tu esfuerzo no se perdió.
Que tu sangre sigue viva.
Que hay alguien aquí, siglos después, intentando recordar tu nombre y contar tu historia.
No heredé tu voz.
No heredé tu casa.
No heredé tus herramientas.
Pero heredé algo mucho más grande: la posibilidad de existir.
Y eso es inmenso.
Este homenaje es para ti.
Y para todos los tatarabuelos y tatarabuelas que nunca conocimos, pero que hicieron posible nuestra vida.
Porque no somos solo personas.
Somos cadenas.
Somos memoria.
Somos el final provisional de una historia que empezó mucho antes de nosotros.
Añadir comentario
Comentarios