Me llamo Laura y esta historia es sobre mi abuelo.
Vivía en la misma casa desde hacía décadas. La había pagado. La cuidaba. La conocía de memoria. Pero nunca hablaba de ella como algo seguro. Siempre decía frases como: “nunca se sabe” o “mejor no confiarse”.
Yo pensaba que era carácter.
Con los años entendí que no.
Había pasado por mudanzas forzadas. Por casas que no eran suyas. Por momentos en los que todo dependía del trabajo del mes o del favor de alguien. Había vivido con lo justo, cambiando de lugar, aprendiendo que nada era permanente.
Aunque al final tuviera una casa, su cuerpo seguía viviendo como si pudiera perderla mañana.
No era miedo moderno.
Era memoria.
Hoy comprendo muchas de sus manías: guardar papeles, conservar llaves viejas, no tirar nada importante, estar siempre preparado.
A veces no heredamos propiedades.
Heredamos inseguridad.
Este homenaje es para mi abuelo.
Y para todas las personas que lograron estabilidad después de una vida de incertidumbre, pero nunca dejaron de estar en guardia.
Añadir comentario
Comentarios