Me llamo Laura y esta historia la descubrí revisando padrones antiguos.
Buscaba a mi abuelo siendo niño. Quería saber con quién vivía, cómo era su casa, si estaba con sus padres.
Pero no aparecía donde esperaba.
Seguía el apellido y llegué a otra vivienda. Pensé que era un error. Hasta que leí la anotación:
“criado”.
Tenía ocho años.
No vivía con su familia. Vivía en casa ajena. Dormía allí. Comía allí. Trabajaba allí. No era un hijo adoptado ni un sobrino acogido. Era mano de obra.
Nunca me lo contó. Jamás habló de eso.
Pero ahora entiendo muchas cosas: por qué empezó a trabajar siendo casi un niño, por qué no sabía descansar, por qué tenía esa forma callada de estar en el mundo.
No tuvo infancia.
Tuvo responsabilidades.
En los papeles aparece como criado.
En mi memoria aparece como abuelo.
Y al reconstruir su historia me doy cuenta de cuántos niños pasaron por lo mismo. Niños enviados a servir, a ayudar, a “buscarse la vida” antes de aprender siquiera a escribir bien su nombre.
Este homenaje es para él.
Y para todos los niños que crecieron demasiado rápido.
Añadir comentario
Comentarios