Mis cuatro abuelos partieron un día de Italia hacia Argentina.
No fue un viaje fácil ni corto. Fue una decisión grande, de esas que cambian generaciones. Cada uno llegó con su historia, con su manera de vivir, con sus costumbres. Aquí se conocieron, formaron pareja, armaron sus familias… y cada matrimonio tuvo nueve hijos.
Entre todos esos caminos nacieron mis padres: Ricardo Dadone y Enriqueta Verna.
Ellos me criaron con lo que traían de casa. No con grandes discursos, sino con ejemplo. Me transmitieron respeto, educación y amor por mis raíces. Crecí rodeada de valores sencillos pero firmes, de esos que no se negocian y que se sostienen incluso cuando la vida aprieta.
Hoy miro atrás y entiendo que todo eso no empezó conmigo. Empezó con cuatro personas que se animaron a cruzar un océano. Que dejaron su país para construir otro futuro. Que levantaron familias numerosas, con esfuerzo diario y principios claros.
Me siento profundamente orgullosa de haberme criado así.
Con raíces fuertes.
Con respeto aprendido.
Con valores heredados.
Porque la historia de mis abuelos italianos no es solo una historia de emigración.
Es la base de todo lo que soy.
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