Mi tía abuela Leonor Paredes siempre llegaba la última.
No porque se retrasara ni porque fuera despistada. Llegaba cuando todo estaba ya en marcha, cuando las decisiones estaban tomadas y los espacios ocupados. Era su forma de estar.
Vivió en un pueblo pequeño del sur de España, en una época en la que no todo el mundo tenía el mismo derecho a ocupar sitio. Leonor no se imponía. No alzaba la voz. No entraba en una habitación esperando que la miraran. Llegaba, se colocaba donde quedaba hueco y se adaptaba.
De pequeña no me llamaba la atención. Simplemente estaba ahí. Sentada en una silla lateral, de pie apoyada en una pared, o moviéndose por la casa sin interrumpir. Nunca pedía nada. Nunca decía que no estaba cómoda. Nunca parecía tener prisa.
Con los años he entendido que no era timidez. Era aprendizaje. Había aprendido que no hacer ruido facilitaba las cosas. Que no ocupar demasiado espacio evitaba problemas. Que llegar cuando todo estaba decidido era más seguro que discutir.
Leonor no hablaba mucho de sí misma. Escuchaba. Asentía. Ayudaba cuando hacía falta. Y cuando no hacía falta, esperaba. Siempre esperaba. A que terminaran los demás, a que alguien necesitara algo, a que llegara su turno, aunque muchas veces ese turno no llegara nunca.
No recuerdo que se quejara. Tampoco que reclamara. Su presencia era constante y discreta, como si su función fuera sostener el ambiente sin dejar huella visible. Y eso, durante mucho tiempo, me pareció normal.
Ahora sé que no lo era.
Hoy, cuando pienso en ella, me doy cuenta de que muchas mujeres de su generación aprendieron a llegar las últimas para no molestar, para no estorbar, para no destacar. No porque no tuvieran opinión, sino porque habían aprendido que expresarla tenía un coste.
A veces me reconozco en ese gesto. En esperar antes de hablar. En adaptarme al hueco que queda. En llegar cuando ya todo está hecho. Y entonces pienso en Leonor, no con pena, sino con lucidez.
Porque hay herencias que no se heredan con palabras, sino con maneras de colocarse en el mundo.
Y esa forma de hacerse pequeña para que todo funcione también se transmite.
Añadir comentario
Comentarios