Me llamo Roxana Miriam González y vivo en la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe, Argentina.
Esta es la historia de la casa de mi bisabuelo materno, Don Domingo Santos Lonetti, y de cómo descubrí que mis raíces siempre habían estado mucho más cerca de lo que imaginaba.
Todo comenzó el 5 de diciembre de 1997, en un momento que no tenía nada que ver, en apariencia, con la genealogía. Mi familia estaba concentrada en los preparativos del casamiento de mi hermana. Mi madre y yo debíamos ir a su casa para terminar de organizar la fiesta, pero antes pasaron por casa un tío y una tía que habían venido de visita.
Ellos salieron un momento… y tardaron mucho en regresar.
Cuando finalmente volvieron, mi madre les preguntó por qué habían demorado tanto. Fue entonces cuando mi tía respondió algo que nos descolocó a todos:
—Fuimos a la casa del abuelo.
Se refería a la casa de su abuelo, mi bisabuelo materno Don Domingo Santos Lonetti.
Mi tío, que ya intuía que esa sería la última vez que estaría en Rosario, quiso ir a ver, por única y última vez, la casa donde había vivido su abuelo. Estaba muy emocionado. Mi tía no pudo negarse a ese deseo, y lo acompañó.
Ese día, mi tío dejó anotada la dirección.
Y entonces ocurrió algo que nunca olvidaré:
la casa de mi bisabuelo estaba a solo tres cuadras de donde yo vivía.
Exactamente entre la calle de mi casa y otra más. Tan cerca que yo pasaba por allí sin saberlo.
Aclaro algo importante: en ese momento yo no lo sabía porque hacía solo tres años que nos habíamos mudado a ese barrio. Nunca nadie me había dicho que Don Domingo Santos Lonetti había vivido tan cerca. Fue gracias a mi tío que supe que la historia de mi familia estaba literalmente a unos pasos de mi presente.
Hoy, cada vez que paso por esa casa, y también por los lugares que sé que mi bisabuelo frecuentaba en Rosario, siento algo muy difícil de explicar. Siento la esencia de mi familia, la presencia de quienes estuvieron antes, y una conexión profunda con mis raíces.
No es solo una casa.
Es un punto de encuentro entre el pasado y mi vida actual.
Es la confirmación de que nuestras historias no desaparecen: a veces simplemente esperan a que estemos listos para reconocerlas.
Por eso quise compartir esta historia.
Porque conocer dónde vivieron nuestros antepasados también es una forma de volver a casa.
Añadir comentario
Comentarios