Mi tío abuelo Mateo Hidalgo, que siempre se ofrecía para lo difícil

Mi tío abuelo Mateo Hidalgo siempre se ofrecía para lo difícil.
No hacía falta pedírselo. Tampoco esperaba turno. Cuando había un problema, una tarea pesada o algo que nadie quería asumir, él daba un paso al frente casi sin pensarlo.

Era de la España rural, de un pueblo donde todos se conocían y donde las dificultades no se anunciaban: simplemente aparecían. Arreglar algo roto, acompañar a alguien enfermo, hacerse cargo de un trámite incómodo, quedarse cuando los demás ya se iban. Mateo estaba ahí.

No hablaba mucho de lo que hacía. De hecho, casi nunca hablaba de sí mismo. Cuando se le agradecía algo, restaba importancia. Decía que no era para tanto, que ya estaba hecho, que había que hacerlo. Como si la responsabilidad no fuera una elección, sino una evidencia.

Con los años he entendido que nadie le enseñó a esperar a que le pidieran ayuda. Aprendió pronto que, si él no se ofrecía, quizá no lo haría nadie. Y asumió ese papel sin quejarse, sin convertirlo en mérito, sin usarlo como argumento.

No recuerdo que dijera “no”. Tampoco que se protegiera del cansancio. Su lugar era el del que responde, el del que carga con lo complicado para que los demás sigan. No porque fuera el más fuerte, sino porque se acostumbró a ser el que podía.

Cuando pienso en él ahora, no lo hago desde la admiración fácil. Lo pienso desde la comprensión tardía. Porque esa manera de estar siempre disponible, de asumir antes de que te pidan, tiene un peso. Un peso que no se ve, pero que se acumula.

A veces me reconozco en ese gesto. En ofrecerme antes de tiempo. En asumir tareas que no me corresponden del todo. En pensar que, si no lo hago yo, alguien tendrá que hacerlo peor o más tarde. Y entonces recuerdo a Mateo.

No como ejemplo perfecto, sino como explicación.

Porque hay herencias que no vienen con palabras ni con objetos. Vienen con una forma de colocarse ante los problemas. Con la costumbre de asumir lo difícil como si fuera lo normal.

Y eso, aunque no siempre se note, también se hereda.

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