Me llamo Álvaro Medina, y este homenaje es para mi bisabuelo Francisco Medina López. En mi familia siempre hubo una historia incompleta. No era un secreto. Tampoco se hablaba mucho de ello. Solo se decía lo mismo, una y otra vez: “Se fue.” Francisco emigró siendo joven. Se marchó a otro país buscando trabajo, o eso es lo que sabemos. Nunca volvió. No hay cartas. No hay fotos suyas de mayor. No hay un relato claro de lo que pasó después. Solo su nombre, una fecha aproximada, y una ausencia que fue creciendo con los años. Mi bisabuela sacó adelante a la familia como pudo. Mi abuelo crecieron sin padre. Y en casa aprendimos a no hacer demasiadas preguntas. Pero la pregunta siempre estuvo ahí. No es reproche. No es enfado. Es curiosidad. Me habría gustado conocer a mi tatarabuelo Francisco para preguntarle por qué se fue. Si pensaba volver. Si echaba de menos a los suyos. Si le dolió más quedarse o marcharse. No para juzgarlo, sino para entenderlo. Porque a veces emigrar no es huir. Es elegir entre dos dolores y llevar uno solo. En nuestra familia, la vida siguió sin él. Pero su decisión marcó a todos los que vinimos después. Este homenaje es para Francisco Medina López, y para todas esas personas que se marcharon sin saber que su ausencia también se convertiría en herencia.
Añadir comentario
Comentarios