El último día del año, mi abuela limpiaba los armarios

Me llamo Patricia Gómez, y este homenaje es para mi abuela Rosa Gómez Martín.

En mi casa, el 30 de diciembre nunca fue un día cualquiera.

No se celebraba nada.

No venía nadie.

No había prisa.

Pero mi abuela Rosa siempre hacía lo mismo.

Desde primera hora de la mañana abría los armarios.

No todos.

Solo algunos.

Los de la ropa, los cajones más antiguos, los que llevaban tiempo cerrados.

Sacaba las cosas una a una,

las extendía sobre la cama

y las miraba con calma.

De pequeña pensaba que estaba limpiando.

Que era una manía más de fin de año.

Pero con el tiempo entendí que no era eso.

Rosa no tiraba casi nada.

Doblaba despacio.

Volvía a guardar.

Y, de vez en cuando, dejaba un hueco vacío.

Nunca hablaba mientras lo hacía.

Si le preguntabas qué estaba buscando,

respondía siempre igual:

“Nada… haciendo sitio.”

Ese “hacer sitio” no era solo para la ropa.

Era para el año que se iba

y para el que estaba a punto de entrar.

Había prendas que ya no usaba nadie,

camisas de personas que no estaban,

abrigos guardados “por si acaso”.

Rosa los tocaba, los doblaba otra vez

y decidía si se quedaban

o si descansaban un año más en el fondo.

No era tristeza.

Tampoco alegría.

Era una forma de ordenar la vida sin decirlo.

Cuando terminaba, cerraba los armarios,

pasaba un trapo por encima

y decía:

“Ya está.”

Al día siguiente era Nochevieja.

La casa estaba preparada.

No porque estuviera limpia,

sino porque había hecho sitio.

Hoy, cuando llega el final de año,

me descubro abriendo cajones sin darme cuenta.

Repitiendo su gesto.

Entendiendo por fin lo que hacía.

Este homenaje es para mi abuela Rosa Gómez Martín,

y para todas esas personas

que cerraban etapas en silencio,

ordenando armarios

para poder seguir adelante.

Añadir comentario

Comentarios

Todavía no hay comentarios