Este homenaje nos lo envió una persona que durante años acompañó a su abuelo al cementerio del pueblo sin entender del todo algo que él hacía siempre.
Cada semana llevaba flores.
Era una costumbre completamente normal dentro de la familia. Todos sabían que le gustaba ir al cementerio a visitar a los suyos, limpiar las lápidas y dejar flores frescas.
Pero había algo que llamaba la atención.
Muchas veces también dejaba flores en tumbas que no eran de la familia.
Algunas apenas recibían visitas. Otras parecían completamente olvidadas.
Durante años nadie preguntó demasiado por qué lo hacía. Simplemente formaba parte de su manera de ser.
Hasta que un día su nieto decidió preguntárselo directamente.
Entonces respondió algo muy sencillo.
Dijo que nadie debería quedarse sin visita.
Aquella frase cambió completamente la manera de entender aquel gesto.
No lo hacía por obligación.
Lo hacía porque pensaba que todas las personas merecen ser recordadas por alguien.
Con el tiempo, mucha gente del pueblo terminó conociéndolo por eso.
Por dejar flores donde casi nadie más las dejaba.
Por acordarse también de quienes parecían haber quedado solos.
Por eso quiso dedicarle este homenaje.
Porque hay personas que cuidan incluso de quienes ya no pueden pedir nada.
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