La abuela que siempre llevaba pan en el bolso

Este homenaje nos lo envió una persona que durante años recordó un gesto muy sencillo de su abuela.

Siempre llevaba un trozo de pan en el bolso.

Lo llevaba cuando salía a la calle, cuando iba a visitar a la familia o cuando pasaba la tarde fuera de casa. Era algo tan habitual que nadie le daba importancia.

Parecía una costumbre más.

Algo pequeño.

Algo sin significado especial.

Durante mucho tiempo pensó que simplemente era una manía.

Hasta que un día decidió preguntarle por qué lo hacía.

Entonces su abuela le explicó que había vivido años en los que el pan faltaba en casa.

Años difíciles en los que la comida no estaba asegurada y en los que cada trozo tenía un valor enorme.

Por eso, con el paso del tiempo, nunca dejó de llevar un poco consigo.

Era su manera de sentirse tranquila.

Era su forma de asegurarse de que nunca volvería a faltar.

No lo hacía por necesidad.

Lo hacía por memoria.

Con los años entendió que aquel pequeño gesto hablaba de toda una vida.

Por eso quiso dedicarle este homenaje.

Porque hay recuerdos que no se cuentan con palabras.

Se guardan en silencio durante toda una vida.

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