Mi tío abuelo Rafael Blanco, que siempre iba al entierro de todos

Mi tío abuelo Rafael Blanco siempre iba a los entierros.
A todos. O casi a todos. No importaba si el fallecido era familia directa, un vecino lejano o alguien con quien apenas había tratado. Si había entierro en el pueblo, Rafael estaba allí.

No lo hacía por curiosidad ni por compromiso superficial. Tampoco era alguien especialmente religioso. Simplemente había que estar. En un pueblo pequeño, la ausencia se nota más que la presencia, y él lo sabía.

Recuerdo verlo salir de casa con gesto serio, sin prisas. No hablaba mucho del motivo. Decía que había muerto alguien y eso bastaba. Nunca preguntaba detalles. Nunca juzgaba. Su papel no era opinar, sino acompañar.

Con los años entendí que, en su generación, el duelo no era algo privado. Era comunitario. El dolor de uno se sostenía entre muchos, aunque no hubiera una relación estrecha. Ir al entierro no era una elección personal: era una responsabilidad social.

Rafael no ocupaba el centro. Se colocaba detrás, a un lado, donde hiciera falta. Daba la mano, asentía en silencio, permanecía. No buscaba consolar con palabras. Su forma de estar era física, visible y discreta. Y eso, en esos momentos, era suficiente.

Nunca lo oí decir que estaba cansado de ir a entierros. Tampoco que fueran demasiados. Formaba parte de la vida del pueblo igual que las fiestas, las cosechas o los domingos. La muerte no se esquivaba: se acompañaba.

Hoy, cuando pienso en él, entiendo el peso que cargaba sin decirlo. Estar presente en cada despedida también desgasta. También deja huella. Pero Rafael asumía ese lugar porque sabía que algún día otros harían lo mismo por los suyos.

Ese era el pacto silencioso de la comunidad.

Y aunque hoy la vida sea distinta y los pueblos hayan cambiado, hay algo de ese gesto que sigo reconociendo como importante. Estar cuando toca. Aunque no sea cómodo. Aunque no sea cercano. Aunque no haya palabras.

Porque hay herencias que no se transmiten con objetos ni documentos.
Se transmiten con presencias repetidas.

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