Me llamo Lucía, y este homenaje es para Pilar.
Pilar no era mi abuela.
Ni siquiera era familia directa.
Era la cuñada de mi madre.
En casa siempre se dijo así, sin más.
“Te quedas con Pilar.”
Y yo me quedaba.
Pilar no me malcriaba.
No me hablaba como a una nieta.
No hacía grandes demostraciones de cariño.
Pero estaba.
Estaba cuando mis padres trabajaban.
Cuando yo estaba enferma.
Cuando no había nadie más disponible.
Me daba la merienda.
Me peinaba sin preguntar.
Me mandaba callar cuando hacía falta
y me tapaba por la noche
sin hacer ruido.
De pequeña pensé que eso era normal.
Que todas las casas funcionaban así.
Con los años entendí que no.
Pilar renunció a muchas cosas
para sostener una vida
que no era la suya.
Nunca lo dijo.
Nunca lo reclamó.
No tengo recuerdos de ella contando historias,
ni de grandes conversaciones.
Tengo recuerdos de presencia.
De llegar y saber
que alguien se iba a ocupar de mí.
Hoy, cuando pienso en quién me crió,
su nombre aparece
antes que muchos otros.
Este homenaje es para Pilar,
y para todas esas personas
que no llevaron el título de abuela,
pero hicieron el trabajo completo
sin que nadie se lo pidiera.
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