Este homenaje nos lo envió una persona que durante muchos años escuchó a su bisabuelo contar cómo era el pueblo cuando todavía no había casi nada.
Sus historias hablaban de calles sin asfaltar, de casas más pequeñas, de vecinos que se conocían todos por su nombre y de una forma de vida que parecía muy lejana para quienes lo escuchaban.
Para las generaciones más jóvenes, era difícil imaginar aquel lugar tal y como él lo describía.
El pueblo había cambiado.
Habían aparecido nuevas casas, nuevas calles, nuevas familias.
Pero para él todo seguía teniendo sentido.
Recordaba quién había vivido en cada casa.
Recordaba nombres, historias, relaciones.
Como si todo siguiera allí.
Con el tiempo, su familia entendió que no solo estaba contando cómo era el pueblo.
Estaba contando su vida.
Porque él había estado allí cuando todo empezó.
Había visto cómo crecía.
Cómo cambiaba.
Cómo se transformaba con los años.
Un día dijo algo que quedó grabado para siempre.
Que él había visto crecer todo aquello.
Por eso quiso dedicarle este homenaje.
Porque hay personas que no solo viven en un lugar.
También forman parte de su historia.
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