El último año que comí la mona con mi madrina

Este homenaje nos lo pidió una persona que quería recordar a su madrina. Nos escribió explicando algo muy sencillo, pero muy importante para él: que cada año, el día de la mona, ella venía a buscarlo para pasar la tarde juntos.

Nos decía que quizá no parecía algo especial desde fuera. Solo una merienda. Solo una tradición más de infancia. Pero con el paso del tiempo entendió que significaba mucho más.

Durante años fue un momento solo para ellos dos.

Su madrina lo recogía, salían juntos y compartían la mona como se había hecho siempre en muchas familias de Cataluña. Era un gesto pequeño, pero constante. Una forma de estar presente. De cuidar. De acompañar.

Nos contaba también algo que muchas personas reconocen cuando miran atrás: que de pequeños no somos conscientes de lo importantes que son esos momentos.

Simplemente ocurren.

Hasta que un día dejan de repetirse.

El último año que comieron la mona juntos no sabían que sería el último. Pero con el tiempo ese recuerdo se convirtió en uno de los más importantes de su infancia.

Por eso quiso hacer este homenaje.

Porque a veces las personas que más nos marcan no son solo nuestros padres o abuelos. También lo son quienes estuvieron ahí cada año, cada gesto, cada tradición compartida.

Especialmente en días como el de la mona.

Añadir comentario

Comentarios

Todavía no hay comentarios