Me llamo Luis y esta historia me impactó cuando la escuché por primera vez.
Mi bisabuelo se marchó de su casa siendo muy joven.
En su época no era raro. Muchos chicos se iban a otras ciudades o a otros países buscando trabajo. Era la única forma de mejorar su vida y ayudar a la familia.
Mi bisabuelo hizo lo mismo.
Se despidió de su madre pensando que algún día volvería.
Seguramente imaginaba regresar cuando hubiera ahorrado algo de dinero. O cuando las cosas fueran más fáciles.
Pero la vida siguió.
Encontró trabajo. Formó su propia familia. Pasaron los años. Cambiaron las circunstancias. Y aquel regreso que parecía temporal fue quedando cada vez más lejos.
Hasta que dejó de ser posible.
Mi bisabuelo nunca volvió a ver a su madre.
Hoy esa historia me cuesta imaginarla. Vivimos en un mundo donde podemos viajar en horas, hablar por teléfono cada día o vernos a través de una pantalla.
Pero para generaciones anteriores, la distancia podía convertirse en algo definitivo.
Este homenaje es para mi bisabuelo.
Y para todos los que un día se marcharon de casa pensando que volverían… y nunca pudieron hacerlo.
Añadir comentario
Comentarios